La revuelta de los anónimos

Publicado en: Revista Ñ
Por Karina Bidaseca* 

El 15 de mayo miles de personas se manifestaron en España para celebrar el segundo aniversario del movimiento de los indignados. Con la consigna “De la indignación a la rebelión”, se concentraron en la Puerta del Sol donde inscribieron su nacimiento. “Abajo la dictadura de los mercados”; “A esto lo llaman democracia y no lo es”, fueron algunas invenciones de este movimiento horizontal, sin partidismos ni liderazgos, integrado por una concurrencia intergeneracional, que traspasó el Atlántico para encontrarse con las Américas y urdir analogías con su coetáneo “Ocupy Wall Street” en Nueva York, y su “precedente” el 19 y 20 de 2001 en Argentina.

El sentido de la acción que trazan en el rechazo a la sumisión al capital financiero bajo políticas ensayadas en los impunes noventa, en América Latina y en los teatros poscoloniales de Asia y África, nos impulsa a observar no las superficies coyunturales sino los “ríos profundos” de nuestra modernidad occidental.

Me recuerdo a mí misma asistiendo a una muestra organizada por el Instituto Goethe en Buenos Aires, titulada insidiosamente “Ex – Argentina”. Fue el momento biográfico que mas cerca estuve de sentir que nuestra sociedad colapsaba. Cuando el 19 de diciembre, la cámara me devolvía la imagen de la represión sobre cuerpos aparentemente endebles de las Madres de Plaza de Mayo, que como todos los jueves ritualizaban su ronda, y se clausuraba con el estado de sitio decretado por el presidente y repudiado por todos nosotros. Y no pude soportarlo. Volver el presente pasado. Estaba dispuesta a irme con mi familia, emulando a colegas que aguardaban turno en las embajadas de los países del norte.

Conocemos las tasas de desempleo récord que vive España; la reducción salarial, los desalojos e hipotecas (que aquí dieron nacimiento al Movimiento de Mujeres agropecuarias en Lucha), los suicidios, el gran síntoma de las sociedades anómicas estudiadas por Durkheim en la transición a la modernidad, contrapuesto a los gloriosos salvatajes de bancos. Integran un repertorio de acciones que se tantean sobre las poblaciones inermes frente al gran capital y la ley del mercado que rige las vidas volviéndolas vulnerables e inciertas. Ello contiene un sentido mas profundo, el de una crisis de representación como pocas veces se vio sumergida Europa (¿Ex – Europa?). Me refiero a la idea de democracia de la cual es mentora. “Cuando los gobiernos no escuchan al pueblo la democracia se convierte en oligarquía”. Estas palabras fueron enunciadas por Stéphan Hessel, inspirador del 15-M y autor del libro “¡Indignaos!”.

La “Unión Europea fue concebida dentro del capitalismo pero como proyecto de pacificación de Europa, en un tiempo en que el capital industrial era bastante fuerte”, nos dijo el filósofo Jacques Rancière en su visita a Buenos Aires frente a un grupo de profesores de la Universidad Nacional de San Martin. Y también mencionó algo que muestra el límite “común” del proyecto: “Se dijo que los griegos no eran lo suficientemente serios como para dejarlos decidir a ellos su propio destino”.

La retórica salvacionista en el corazón de Occidente aparece intacta. “Provincializar Europa”, el gesto enunciado por el subalternista Dipesh Chakrabarty, se vuelve imperativo.

Los estados europeos lo que revelan con sus políticas es el rostro oligárquico de Jano. Sus representantes no pueden escuchar las necesidades del pueblo ni sus aspiraciones. El pueblo aparece e interrumpe el orden fijado. Rancière le llama la “revolución de los anónimos”. Ya antes hizo su aparición de múltiples modos, pero no fueron vistos: en las banlieues francesas; en el feminismo de las precarias a la deriva; en las protestas contra las leyes del uso del velo; las invasiones a Irak o en el manifiesto de izquierda Soundings liderado por el jamaiquino Stuart Hall quien confirma que “la victoria neoliberal (que) reafirmó la posición de las dominantes (…) no era inevitable. Ningún modelo social es permanente, y por éste se luchó, desde el golpe en Chile y la derrota de mineros en Gran Bretaña hasta los ataques a los derechos de los trabajadores y sistemas de beneficios en el Reino Unido”.

Mientras en Europa las expresiones xenófobas de un racismo culturalista sobre los inmigrantes indican que el multiculturalismo fracasó, América Latina, en sentido inverso, logra retomar las riendas de la economía y el poder político, sobre las bases de igualitarismo, redistribución, participación e interculturalidad, revirtiendo así la perturbación fanoniana de llegar siempre tarde.

La temporalidad del norte se une a la del sur. Como revelan los antropólogos sudafricanos Comaroff, “Europa evoluciona hacia África”. Ello no significa invertir los términos de la relación; sino comprender que el sur logró anticipar la crisis del norte porque es el autor de su antídoto. Al interrumpir el telos de la modernidad, Ex – Argentina no pudo ser liquidada en el mapamundi de una vez y para siempre.

*Doctora en Cs. Sociales (UBA). CONICET- UNSAM.

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